Desarrollo

Premios y castigos para niños de preescolar

enero 31, 2022

Llamamos premios y castigos a las consecuencias que siguen a los comportamientos y que determinan que se vuelva a hacer lo mismo en una situación parecida o, por el contrario, que se deje de hacer.

Los padres dedican mucho tiempo a aumentar o disminuir ciertos comportamientos de sus hijos: recoger los juguetes, no pegar a otros niños, comer o dejar de llorar cuando quieren algo.  La clave para conseguirlo está en las consecuencias que el niño alcanza. Un simple beso tras recoger los juguetes – una experiencia positiva para él – es un premio, un reforzador que aumenta las probabilidades de que vuelva a recogerlos al día siguiente. Si no los recoge, quizá haya que aplicar un castigo, es decir, que la experiencia que siga a su resistencia sea negativa para él.

PREMIAR Y CASTIGAR

El binomio premio-castigo está presente en muchas circunstancias de la vida de forma espontánea. Por ejemplo, quemarnos con la comida nos enseña a comprobar la temperatura antes de ingerir un bocado. Ésta es una de las formas más eficaces de aprender, pero hay otras.

La dificultad para enseñar a los niños estriba, en la mayoría de los casos, en el uso que se hace de los premios y castigos.

Hay que tener en cuenta tres aspectos:

*Es imprescindible aplicar todas las técnicas en conjunto para que funcionen.

*Un premio es algo que resulta gratificante para quien lo recibe.

*Un castigo sólo puede considerarse como tal cuando quien lo sufre lo vive como algo negativo.

Uno de los errores más frecuentes  cuando se aplica un castigo es dar por supuesto que la consecuencia es desagradable para el niño. Si se le manda a su habitación como castigo, lo más probable es que acabe jugando con sus juegos y la pase en grande sin asociar ninguna consecuencia negativa a su comportamiento. Si, por el contrario, se le sienta durante unos minutos en el pasillo, donde no hay posibilidad de entretenerse con nada, vivirá ese tiempo como una consecuencia negativa de su comportamiento.

Es importante observar qué considera el niño un premio y qué le parece desagradable; incluso se puede hacer una lista con lo que le gusta y le disgusta para identificar los premios y castigos más eficaces.

Una vez terminada la lista de cosas que gustan y disgustan al niño, se puede establecer un sistema de consecuencias: lo que le gusta será consecuencia de los comportamientos positivos, y lo que no le gusta de los negativos. Este sistema, aplicado con constancia, modificará sus comportamientos.

EL COMPORTAMIENTO HUMANO

Si lo que se pretende es modificar la conducta del niño, hay que empezar definiendo las áreas que componen el comportamiento humano: fisiológica, cognitiva y motora. Todas ellas son respuestas ante una situación, una persona o un objeto con los que establecemos algún tipo de relación.

Las tres áreas están relacionadas entre sí, de manera que cualquier modificación que se lleve a cabo en una de ellas influirá en las otras.

Veamos un ejemplo de cada respuesta:

*Respuesta fisiológica (sentimiento): al niño le duele el estómago cuando se pone nervioso.

*Respuesta cognitiva (pensamiento): el niño se define a sí mismo como malo.

*Respuesta motora (acción): lanza objetos cuando se enoja.

Casi todos los sentimientos, pensamientos y comportamientos son aprendidos, lo que significa que es posible aprender otros nuevos y más adecuados. En el caso de los niños, debemos centrarnos en modificar la respuesta motora, porque el manejo que hagamos de sus consecuencias inmediatas hará que se produzcan cambios no sólo en lo que hacen, sino también en lo que sienten y piensan.

Por ejemplo, si premiamos a nuestro hijo cuando se viste sin ayuda con una alabanza del tipo: “Que listo eres, cómo me gusta cuando haces las cosas tú solo”, es muy probable que en la próxima ocasión vuelva a vestirse solo y, además, que se sienta capaz de realizar acciones nuevas y que piense lo bien que hace otras tareas.

A través de la experiencia, el niño aprende a actuar de determinada manera y a repetir sus actuaciones en situaciones parecidas hasta incluirlas en su repertorio de conductas. Por ejemplo, cuando un niño se lava los dientes, puede repetir la acción por sí solo.

Aprender comportamientos adecuados y manifestarlos de modo habitual sirve para solucionar problemas y adaptarse al medio. El objetivo es tener pensamientos positivos que generen emociones también positivas para actuar en la forma adecuada.

ANTES Y DESPUES DE LA CONDUCTA

Cualquier conducta viene precedida de antecedentes y es seguida  de consecuencias. Se puede aprender a identificar antecedentes y consecuencias e intervenir sobre ambos para influir en la probabilidad de que se repita la conducta.

ANTECEDENTE

Le digo veinte veces que recoja y no hace caso a la orden.

CONDUCTA

Le grito

CONSECUENCIA

Recoge y aprende que hasta que no se le grita no hay que obedecer.

ANTECEDENTE

Me agacho para ponerme a su altura, hago que me atienda mirándome, le digo que recoja y empiezo a hacerlo con él. Luego dejo que termine él solo.

CONDUCTA

Recoge su habitación

CONSECUENCIA

Le doy un beso y le digo que me gusta cuando recoge sus cosas. Probablemente la próxima vez recogerá.

Los antecedentes de la conducta nos ponen sobre la pista a la hora de planificar qué hacer.

Las consecuencias que siguen a la conducta hacen que ésta se repita o no.

LAS ETIQUETAS

Las etiquetas deben evitarse porque suponen calificar al niño y no su comportamiento. Es demasiado frecuente etiquetarlos con frases del tipo: “Este niño es imposible”, “es timidísimo”, “no hay quien pueda con él”. Por desgracia, el niño al que se le pone una etiqueta hará lo imposible por responder al papel que se le ha asignado y actuará en consecuencia.

Por ejemplo, si la niña se niega a recoger su habitación, se le puede pedir de dos maneras:

1“Nuria, nunca me haces caso, eres una desobediente”.

2 “Nuria, recoge tu habitación, ya te lo he dicho dos veces y me estoy disgustando”.

En el primer caso, a Nuria no se le dice qué debe hacer; simplemente se hace una afirmación que confirma una etiqueta. Lo más probable es que la niña siga sin hacer caso mientras no le digan qué se espera de ella.

En el segundo caso se especifica la conducta que se espera de Nuria y se le explican las consecuencias que su comportamiento provoca.

Una vez descrita con precisión la conducta que debe llevar a cabo habrá que:

*Establecer cómo y cuándo: debe recoger todos los días los juguetes de su habitación antes de ir al parque.

*Trazar un plan de modificación de conductas concretas: se le pedirá una vez y se esperará a que lo lleve a cabo; por supuesto, cuando recoja habrá que reconocérselo y reforzárselo.

LA IMPORTANCIA DE LOS PREMIOS Y CASTIGOS

Los premios y castigos son las herramientas que utilizamos cuando establecemos un sistema de consecuencias que nos sirve para modificar los comportamientos que queremos aumentar o reducir en el repertorio de nuestros hijos. Las consecuencias tienen por objetivo disminuir las conductas inadecuadas y reforzar las adecuadas para que el niño las incluya en su esquema de comportamiento.

2.1 EL CONTROL DE LA CONDUCTA

Lo que se haga ante las respuestas del niño irá generándole su propio esquema estable de comportamiento. Así, si el niño llora cada vez que quiere conseguir algo de sus padres y ellos se lo conceden, aprenderá que llorar es eficaz para obtener beneficios y lo utilizará siempre que se le niegue algo. Si se sigue cediendo a sus caprichos, incorporará este comportamiento como un esquema de respuesta para obtener lo que desea. Si, por el contrario, se ignora el llanto o no se atiende su petición mientras no adopte una actitud más adecuada, la consecuencia que aprenderá es que llorar para conseguir lo que quiere no es útil y sí lo son conductas como pedir las cosas por favor, no gritar, recoger sus juguetes, etcétera.

Las conductas del niño deben ser guiadas con normas y límites, reguladas mediante consecuencias hasta que él adquiera capacidad de autocontrol. Este proceso no se puede llevar a cabo si el pequeño no experimenta las consecuencias de su comportamiento y no entiende las reacciones que su conducta provoca en los demás. De esta manera aprenderá que las cosas no siempre son como uno quiere, es decir, desarrollará la capacidad de la tolerancia a la frustración. Dicha capacidad es el mejor aprendizaje que adquiere para controlar no sólo su comportamiento en general, sino también la ansiedad y, muy particularmente, la agresividad. 

2.2 EL PORQUÉ DE LAS CONSECUENCIAS

*Si no experimentamos las consecuencias de nuestras acciones, nos convertimos en tiranos, presuponiendo que los demás deben estar a nuestra disposición cuando lo deseemos.

*Que un niño repita o no un comportamiento depende de que experimente sus consecuencias. Hay que enseñarle a tolerarlas planteándole situaciones en las que no siempre consiga lo que quiere.

*Un pequeño que no obtiene siempre lo que desea desarrollará una tolerancia a la frustración, así sabrá cómo enfrentarse a las situaciones en que las cosas no salen como se planean.

*El niño necesita que los padres le enseñen lo que debe y no debe hacer.

*Es preciso generar en casa un sistema de premios y castigos que muestre a nuestro hijo las consecuencias de cada conducta, y aplicarlo con constancia.

LO QUE SE ESPERA QUE HAGA TU HIJO SEGÚN LA EDAD

A partir de los seis meses, los niños son capaces de distinguir cuándo sus padres se ponen contentos por alguna de sus conductas y cuándo sienten desagrado.

Aplicar consecuencias de forma coherente, teniendo en cuenta la edad y características del niño, conduce a nuestro hijo, poco a poco, vaya haciéndose responsable de su comportamiento.

3.1 CRITERIOS PARA ELEGIR LOS PREMIOS Y CASTIGOS

A la hora de decidir qué consecuencias aplicar hay que tener en cuenta tres criterios:

*Los premios y castigos han de ser proporcionales a las conductas. Castigar a un niño de tres años a no ir al parque en una semana porque ha golpeado a otro niño parece un tanto desproporcionado. El pequeño no recordará al segundo día por qué está castigado y el castigo no tendrá efecto en la conducta que se desea modificar.

*Hay que tener en cuenta las características propias de cada uno. Es preciso observar a nuestro hijo para saber cómo utilizar los premios y castigos en función de sus capacidades, y sobre todo asegurarse de que entiende lo que se le dice.

Esperando sea de su interés

Aída Moreno A.

 

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